La España que me insulta

por miriamexposito

No me avergüenza reconocer que me atrapa la soberbia, que me sube el amor propio – vértebra a vértebra-cuando dirijo una mirada a mi alrededor y me descubro sintiéndome intelectualmente superior a la media de la sociedad española. Me entristece conocer, sin embargo, que el mérito no se encuentra en mí, que no poseo una inteligencia extraordinaria ni una cultura excepcional, si no a la mediocridad, a la ignorancia, que invade a la mayoría.

Esta España mía, esta España nuestra1, poblada de gente sin inquietudes, sin ambiciones, sin cultura del esfuerzo, sin curiosidad, sin rebelión, ¡ni sangre! ¡Permanezcan impávidos ante sus televisores viendo cómo se ríen del trabajo y los logros de nuestros antepasados valientes! ¡Cambien de canal y distráiganse con las vidas de sus insulsos ídolos pertenecientes a programas de tv y equipos de fútbol! Dejen que sus hijos sean educados en un sistema sin educación, no se movilicen si rompen nuestra sanidad. ¿A quién le importa que los científicos investiguen para avanzar?

No nos aterra que alguien sea detenido por expresarse, ni la violencia de un desahucio, ni el miedo en una manifestación. ¡Ni siquiera nos molesta ver bolsillos llenos de nuestro dinero! ¡Dinero que tendrían que estar disfrutando nuestros derechos! No tenemos dignidad, la regalamos a cambio de no pensar, estamos muertos. Que se avergüencen de nosotros nuestros antecesores, que dirijan la mirada al suelo nuestros descendientes cuando hablen de nosotros, que evitemos el tema cuando nos recordemos nosotros mismos. No tenemos justificación, ni valores. No nos interesa pensar, quién quiere contrastar, no existe el pensamiento crítico.

Enseñen orgullosos su collar de adiestrados y repitan los ladridos de sus medios de comunicación, dirigidos por empresas interesadas en continuar con lo que les favorece. ¡Den su apoyo de nuevo a la enfermedad una vez estemos terminales! ¡Vuelvan a votar al Partido Popular después de todo! (Vosotros, adeptos de ideologías de derechas que jamás lo tuvisteis tan fácil como ahora con Ciudadanos. ¡Hasta podéis ir de fachitas progres, el cambio de careta sensato!) Y si surge cualquier atisbo mínimo de cambio, no lo duden, vuelvan a seguir las voces que les dominan, continúen con su esquizofrenia ignorante ¡cómanse a Rita Maestre por defender la religión lejos, muy lejos, de la educación pública! -donde siempre debió estar-. ¡Dios no ha muerto en esta España muerta! Y aún queda un encantador aroma, así, como del Régimen.

No me confundan, me gusta España –y lo pronuncio alejada de nacionalismos-. Me gusta la plurinacionalidad de este estado, la belleza de sus ciudades, el ambiente del sur, ¡las tapas!, me gustan libros que han surgido de manos aquí nacidas, ando enamorada de Barcelona -Mi Barcelona, ensombrecida hoy por otro tipo de adoctrinamiento político-. Critico esta sociedad en particular porque es la que conozco. Pero créanme que, sinceramente, me incomoda esa masa, la de la España que bosteza2. Me avergüenza, me insulta.

Y cada cierto tiempo, después de leer alguna noticia o conocer el resultado de algunas elecciones, pienso, casi con un aire vengativo: “tenemos lo que nos merecemos”. Pero seguidamente me corrijo y pienso “¡no!”. Yo estoy formada para ser una buena profesional, y mis compañeros también. Me gusta mi profesión, me esfuerzo en mejorar, quiero seguir especializándome, me merezco tener un trabajo digno cuando finalice, que no me condicionen el futuro, poder elegir si quedarme aquí o irme fuera, me merezco tener asegurada una calidad básica de vida. Yo no tengo lo que me merezco, tengo lo que su apatía ha decidido que me toca.

Soy conocedora de que mis palabras no son originales, es un discurso tan manido ya, ¡cuántas voces lo habrán pronunciado! Y sin embargo, continúa siendo aplicable. Me pregunto: “¿hasta cuándo?” y prefiero no saber la respuesta.

Pero, señores, no lo duden: continúen, no vayan más allá, no se informen, vuelvan a votar sin saber lo que votan, vuelvan a quedarse en casa porque no les interesa la política, y luego, quéjense. Pero no lo olviden: la culpa es suya.

 

 

1Canción “Mi querida España”, de Cecilia.

2Poema “Españolito”, de Antonio Machado.

 

Anuncios